LACIANA EN EL SIGLO XX

      

La trayectoria de los pueblos de San Miguel y Villablino estuvo influenciada, como todo el valle de Laciana, por las explotaciones mineras, y fundamentalmente por la actividad de la empresa que a lo largo de todo el siglo marcó el rumbo de la economía en la zona, la compañía Minero Siderúrgica de Ponferrada. La tradición ganadera que se había forjado en estas dos localidades durante siglos, se vio superada en pocos años por la fiebre minera, pasando a tener una dependencia absoluta de esta industria, que regaló a Villablino una desbordante prosperidad económica. Pero con el fin del mileno, el declive del sector minero, que ya había empezado a evidenciar sus primeros síntomas en la década de los 80, se ha trasladado en toda su intensidad a una economía  completamente subordinada a esta actividad, y ahora se vuelve la vista atrás para intentar recuperar la antigua tradición ganadera de los hombres de Laciana.

         El pueblo de San Miguel, era en 1900 el núcleo de población mas importante de la comarca de Laciana, y con unos 270 habitantes, casi doblaba el número de residentes que entonces conformaban Villablino. De hecho, otras 4 localidades mantenían una población superior a la capital del concejo, aunque el hecho de que aquí se encontraran los servicios centrales como el Ayuntamiento y el Juzgado, o su situación como centro geográfico del municipio, y por tanto el punto mas accesible desde todos los puntos del valle, ya hacían presagiar que en cuestión de tiempo se convertiría en la urbe mas populosa de la comarca. De hecho, la población de Villablino se hinchó 47 veces sobre sí misma a lo largo del siglo, convirtiéndola en la población con mayor crecimiento demográfico de la provincia. Por su parte, San Miguel contaba entonces con la única parroquia de la zona, la iglesia de San Miguel Arcángel, que compartía sus servicios eclesiásticos con los feligreses de Villablino y Villager de Laciana. A principios de siglo, los vecinos de ambas localidades estaban dedicados a una actividad predominantemente rural, aprovechando la riqueza de los pastos que les brindaba la zona, basando su actividad en una sólida tradición ganadera y una economía de autoconsumo, que les permitía mantener una población estable. Aún así, desde estas fechas ya se marcaban las diferencias entre los dos pueblos, debido a que en Villablino se concentraba una buena parte de la población ajena a las labores del campo y dedicada a otras actividades como eran las religiosas, judiciales, notariales o policiales. Las ferias suponían un importante recurso para la economía familiar, se trataba de una ocasión especial para realizar las compras mas necesarias, además de suponer un importante acontecimiento social, y la situación de la capital del concejo como el lugar mas accesible desde todos los puntos del valle, la convertían en el lugar idóneo para el intercambio de productos. También los arrieros tenían un papel primordial en el comercio durante esta época, intercambiando con la meseta productos de las dos zonas. Los escarpines y abarcas de piel de vaca, o la madreña cerredana si el tiempo lo reclamaba, eran el calzado habitual de entonces para ellos y para ellas, junto a las medias de lana o calceta blanca, a la que seguía la vestimenta de la época en la que no faltaba el manteo de paño pardo para ellas, y chaleco con faja negra para la cintura en el caso de los hombres. En San Miguel había una importante cabaña ganadera eminentemente vacuna, con predominio de las razas serrana, castaña o bardina, y la prestigiosa mantequera leonesa. Los jóvenes que no se veían seducidos por la agricultura y la ganadería optaban por la emigración, a León y Madrid sobre todo, aunque también se empezó a fraguar la aventura americana, con Argentina como principal destino, partiendo en dirección a Ponferrada, para buscar el puerto de Vigo. Los vecinos de San Miguel tenían mas fácil encontrar trabajo en la capital de España, gracias a las familias de esta localidad que habían logrado instalarse en Madrid con prósperos negocios, y que siempre tuvieron abiertas las puertas para ofrecer empleo a sus paisanos. Fruto de esta situación, empezarían a construirse lujosas mansiones, - La Cortina, La Casona, o La Quinta Dorotea-, convirtiendo a San Miguel en la residencia preferida por las familias mas acaudaladas, como los Gancedo, o los Álvarez. 

  A principios del siglo la capital del concejo estaba estructurada en torno a una plaza que después sería bautizada con el nombre de Sierra Pambley. Aquí se ubicaban los principales servicios como el Ayuntamiento, el juzgado, el cuartel de la guardia civil, o la escuela, y se concentraba el mayor número de edificios del pueblo, hasta conformar un total de 113 inmuebles. También había una capilla de planta octogonal dedicada a Santa Bárbara, a la que entonces se recurría en tiempos de tormenta. Muy cerca de la plaza se mantenía en plena actividad la escuela de Sierra Pambley, que Francisco Segundo Fernández Blanco de Sierra y Pambley, al que los lacianiegos llamaban Don Paco Sierra, había inaugurado a finales del siglo XIX. Este revolucionario centro educativo se inició como escuela de niños, para ampliar la enseñanza primaria, y también profesional, especializada en las ramas mercantil y agrícola, por ser estas las tendencias de los jóvenes lacianiegos. Aprovechando la actividad ganadera de la zona, se inició en esta escuela una importante labor en la  transformación de mantecas y quesos, lo que supuso la fuente de una industria floreciente en el valle. Las conocidas Mantequerías Arias, y Leonesas de Madrid, tienen sus raíces en esta escuela, que convirtió a Villablino en el foco educativo mas importante de la provincia. En los primeros años del siglo XX, se añadió al centro una sección femenina con la especialización en ampliación de primaria y labores del hogar como el corte y la confección. El espíritu docente de la escuela de Sierra Pambley supuso una importante influencia en el valle, y sobre todo en Villablino, que a partir de entonces fue muy consciente de la importancia que tenían las labores educativas y la formación académica para el desarrollo de la sociedad.

   En 1909 se concluyeron las obras de la carretera León-Caboalles, y esto provocó un nuevo elemento de referencia para el crecimiento del pueblo, extendiéndose a partir de entonces las nuevas construcciones a ambos márgenes de esta avenida, hasta casi ensamblar con las primeras casas de San Miguel.

  EL CARBÓN

 La apacible vida de estas dos localidades, empezó a verse alterada cuando la crisis provocada por la Guerra Europea (1914-1918), provocó una subida del carbón del 277% en tan solo dos años, lo que llevó las miradas del Gobierno hacia la cuenca de Villablino. En 1900, ya se habían iniciado algunas excavaciones mineras en la zona, aunque se trataba de explotaciones de rapiña, con una escasa producción de mineral que se transportaba en carros hasta Ponferrada. Las exiguas iniciativas carboneras fueron vistas entonces con indiferencia e incluso rechazo por parte de los lacianiegos, que no veían con buenos ojos la irrupción en la zona de este tipo de industria, por considerarla incompatible con las labores ganaderas y agrícolas que entonces presidían la economía de la zona. Pero a pesar de estas reticencias, el rumbo del valle, y muy especialmente de Villablino, cambió radicalmente con la decisión adoptada en 1918 por parte del entonces ministro de Fomento Francisco Cambó, para promover la explotación a gran escala de la cuenca de Laciana, y la construcción de un ferrocarril desde Ponferrada a Villablino. Esta decisión motivó la constitución el 31 de octubre de este mismo año de la Sociedad Anónima Minero Siderúrgica de Ponferrada, MSP, con un capital inicial de 30 millones de pesetas. Mientras la compañía minera iniciaba este mismo año un ambicioso plan de labores en Villablino, se ponían en marcha los trabajos para la construcción de la línea férrea, contratando a 4.800 obreros, y dividiendo la obra en 15 tajos diferentes. La famosa epidemia de gripe que en 1.918 asoló el país, alcanzó la zona provocando una desbandada general, que dejó la obra con tan solo 1.200 obreros. Pero a pesar de ésta y otras múltiples adversidades, el 23 de julio de 1.919 llegaba a la estación de Villablino el primer convoy que inauguraba esta importante vía de comunicación, para el transporte de carbón y de pasajeros. La actividad del ferrocarril se multiplicó en pocos años. A los 3 años de su inauguración, este tren acarreó hasta Ponferrada 279.505 toneladas de carbón, el 69% correspondiente a la producción de mineral de MSP, y el resto de otras minas de la cuenca lacianiega. Lo mismo ocurrió con el transporte de viajeros, con una media de 117 viajeros diarios. El tiempo empleado en llegar a Ponferrada era oficialmente de 3 horas 20 minutos, aunque nunca se llegaba a cumplir esta hora, y diariamente circulaban un mixto correo y un mixto discrecional. Las salidas eran a las 6,55 horas y a las 14,35 horas, mientras que de Ponferrada los trenes salían a las 8,45 horas y a las 17,50 horas. Un billete sencillo costaba 9,40 pesetas en primera clase, 7,10 pesetas en segunda, y 4,65 pesetas en tercera clase. La estación de tren se encontraba relativamente lejos de los núcleos urbanos tanto de Villablino como de San Miguel, y desde que se puso en marcha la línea férrea, ambas poblaciones empezaron a estirarse en dirección a esta zona. La irrupción en la zona de MSP, provocó una sorprendente prosperidad económica que alcanzó a todos los sectores, e incluso el comercio se vio notablemente alterado, con la puesta en marcha en 1920 de una cooperativa en Villablino, para que sus trabajadores puedan proveerse de artículos básicos a precio de coste. La fiebre constructora que se vivió en la comarca como consecuencia de la ocupación de <La Minero>, entre los años 1917 y 1925, se mantuvo frenada en Villablino por parte de una burguesía local que mostraba reparos a que los mineros se instalaran en la capital del concejo, aunque curiosamente este mismo colectivo aprovechó las buenas condiciones salariales de los mineros, para crear una amplia red de establecimientos absolutamente dependientes de estos clientes.  

     El cambio brusco que provocó la minería en la zona, no hizo olvidar a los dirigentes locales la importancia de la labor docente, y al revolucionario sistema educativo que continuaba aplicándose en la escuela de Sierra Pambley, se sumaron nuevos centros educativos en la capital del valle. En 1920 se crearon las escuelas primarias del <Ave María>, de orientación manjoniana, y una década mas tarde el Ayuntamiento aprueba un plan de escuelas para todo el municipio, en el que se incluían las denominadas <escuelas graduadas>, con tres secciones de niños y otras tantas de niñas, para la población escolar de Villablino y San Miguel, situando el nuevo centro escolar en la zona de conjunción de ambos pueblos. El inicio de la guerra civil provoca un resurgimiento de la emigración hacia América, y el exilio de una parte de la población, aunque no se frena el crecimiento provocado por la actividad minera. Esto obliga a la primera corporación municipal franquista, a confeccionar un plano para el ensanche de San Miguel y Villablino, porque entonces ya se confundían las dos poblaciones y estaban prácticamente anexionadas. No obstante la aplicación del plan se retrasó por las reticencias antes citadas a permitir la residencia de los mineros en la capital del municipio, aunque esta población continúa acaparando la centralización de los servicios del valle, con la construcción en 1938 del campo de ferias y mercados. A la plaza se le han venido añadiendo mas atractivo, como el servicio de correos, la parada de taxis, la caja de ahorros, y una fuente abrevadero con sillares de mármol, que fue construida como agradecimiento de los vecinos del pueblo a la impresionante labor educativa llevada a cabo por parte de Don Paco Sierra. También  aquí se encuentra el centro de tertulias del pueblo, y los vecinos permanecen en esta plaza durante horas con la disculpa de comprar la prensa, en el quiosco de <Nemesia>, que además complementaba su oferta con una importante oferta en la que se incluían desde zapatillas hasta tabaco rubio americano del estraperlo. Valía entonces cada ejemplar 40 céntimos si se trataba de la prensa del día, porque entonces también se vendían los periódicos atrasados al peso, y entre otros usos, eran muy demandados por los mineros, que utilizaban el papel para envolver el bocadillo que diariamente llevaban al tajo.

  Durante la década de los 40 se mantiene paralizada la construcción en el centro de Villablino, y las características de las edificaciones existentes en esta época respondían a las fachadas de las calles principales con aire ciudadano, y hacia atrás grandes corralones en los que se situaban las dependencias de uso ganadero, y en su caso el hórreo. En 1941 se inaugura el colegio Nuestra Señora de Carrasconte, de fundación privada aunque tutelado por el Ayuntamiento, que lo terminaría absorbiendo 5 años mas tarde. Este mismo año se construye el nuevo cementerio municipal de Las Rozas, y en 1942 el instituto laboral de Villablino. El Ayuntamiento recibe en varias ocasiones la recomendación de facilitar la construcción de viviendas destinadas a mineros, pero poco hacen aparte de darse por enterados. En 1944 se edifican 65 viviendas en el barrio de Pérez Vega, destinadas a <productores mineros>, pero la mayoría fueron otorgadas por el Ayuntamiento a funcionarios públicos. El crecimiento espacial de Villablino durante los años 40 y 50 quedó reducido a escasas viviendas dentro del propio casco antiguo, y pequeños grupos de casas en las zonas periféricas. En 1944 se inaugura el teatro municipal, y dos años mas tarde MSP abre en Villablino las oficinas de Utrillas.

  En los primeros años de la década de los 50, MSP inauguró en Villablino un importante grupo de explotación, El Transversal, y esto hizo aumentar la población de forma inesperada, con una alarmante demanda de viviendas, y un crecimiento espacial sin precedentes, como demuestra el hecho de que entre 1954 y 1964 se construyeron el 30% de los edificios que configuraban el casco urbano en 1977. Al margen de la barriada de Colominas, fueron naciendo en esta época los barrios de la <Fuxaca>, <Ferraulfe>, <Cuatro Caminos>, <La Corradina>, <Las Rapigueras>, y <Las Portillas>. En 1954, los vecinos de la capital del valle podían disfrutar del servicio de comunicación telefónica, después de insistentes gestiones que se habían venido prolongando durante años. A partir de 1955, se empezaron a construir edificios de tres y cuatro plantas, junto a bajos comerciales, principalmente en la Avenida Asturias. Es precisamente este mismo año, cuando el escritor Víctor de la Serna, visitaba la comarca de Laciana, calificando Villablino como <meca de la Ilustración de la montaña leonesa, que conserva su empaque académico, rodeado de brañas y minas>. En 1957, y ante la imposibilidad de poder contener por mas tiempo el bloqueo a las nuevas construcciones en Villablino, se crea el primer Plan General de Ordenación Urbana, PGOU, redactado por Efrén García, y que responde a una idea aproximada de lo que es actualmente el pueblo, aunque entonces aún no se llevó a la práctica, como demuestra el hecho de que las calles trazadas en el Plan no comenzaron a ejecutarse hasta la década de los 70. En 1958 se construyó la iglesia parroquial de Santa Bárbara, y este mismo año se pone en marcha en Villablino el rotativo <La Montaña>, un periódico de información local, con carácter mensual, que durante algo mas de dos años dejó fe de la actualidad del valle a través de sus 14 páginas, y por un precio de 14 pesetas. En este rotativo quedó inmortalizada la riada provocada en Villablino, durante el invierno de 1959-1960, en la que se hacía referencia al temporal afirmando que <en muchos sitios los prados desaparecieron por mitades, segó innumerables árboles grandes y pequeños. Hasta en la Vega de Villablino, tan alejada del río, con el caudal del arroyo de Las Regueras, se abrió una especie de cañón del Colorado>. También en este medio informativo se dejó constancia de una de las decisiones municipales mas criticadas por los lacianiegos, al optar por retirar en 1959, la fuente dedicada a Sierra Pambley con la disculpa de buscarle un lugar mas amplio y apropiado.

Con la década de los 60 llegaron a Villablino las primeras televisiones, y los vecinos se agolpaban en las ventanas del hotel Arias, para visionar alucinados, las primeras imágenes que este electrodoméstico traía a estas tierras, con acontecimientos tan significativos como la boda de los reyes de Bélgica, Fabiola y Balduino, o el asesinato de J. F. Kennedy. En 1962 se inaugura el Casino de Laciana, y este mismo año los trabajadores de MSP organizan una de las huelgas mas duras a lo largo de la historia de la empresa, con un conflicto que se prolonga durante mas de dos meses, y trae el hambre a muchas familias. En septiembre de 1964, Villablino acogió uno de los actos fúnebres mas emotivos y multitudinarios del siglo, con el entierro de Pepín Vaquero, un oficial de marina mercante, que había sido víctima de un atentado terrorista cometido en el barco donde trabajaba, a la entrada del puerto de Cuba. Miles de personas esperaron durante horas en la plaza de Sierra Pambley la llegada del féretro, y el acto contó con la presencia de las cámaras del entonces popular Nodo. En esta misma época se pone en marcha la emisora de radio del Instituto laboral, en la que participaban varios vecinos de la comarca, y con una gran difusión en la comarca. Uno de los programas radiofónicos que contaba con mayor éxito se titulaba, <Artistas en las ondas>, y se trataba de un concurso en el que los cantantes aficionados demostraban sus habilidades interpretativas. En 1965 se construye el nuevo Ayuntamiento, y para celebrarlo el pueblo comparte con Palacios del Sil la celebración del <V Día provincial de la Corporación provincial>, a cuyo acto asistió el entonces presidente de la Corporación provincial Antonio del Valle. Este mismo año, el equipo de fútbol del municipio, la entonces poderosa escuadra de la S.D. Laciana, vive sus momentos mas gloriosos con su ascenso a tercera división bajo la presidencia de Jesús Torre, y con jugadores en su plantilla de la talla de Campelo, Chispa, Pechoni, o Celada. De la cantera local figuraban personajes conocidos para la afición como Conrado, Tano, Carro o Manolito de Villaseca. La enorme afición que había despertado este equipo se mantuvo hasta su descenso 3 años mas tarde, tras lo cual desaparecería el equipo, en 1974. Es también en esta época cuando definitivamente San Miguel y Villablino se unen administrativamente, aunque los límites en cuanto a edificaciones ya se venían confundiendo desde años atrás. En 1966 abre sus puertas el Ambulatorio de la Seguridad Social, y en 1968 se inaugura el embalse de Las Rozas, en cuyas obras habían trabajado muchos mineros de MSP, durante el último conflicto que se había provocado en la empresa.

  A finales de los años 60, la empresa motriz del valle volvió a un introducir un nuevo cambio en la sociedad lacianiega, al optar por la contratación de trabajadores portugueses, para solucionar con urgencia la necesidad de incrementar su plantilla, y debido a la falta de mano de obra en los alrededores. Esta táctica se continuó durante los primeros años de la década de los 70, y culminó en 1975, con la contratación de trabajadores procedentes de Cabo Verde. Casi 4 mil trabajadores lusos pasaron desde entonces  por la plantilla de La Minero, además de 171 caboverdianos que hicieron lo posible por traer a sus familiares a la zona, hasta formar una comunidad superior al medio millar de africanos. Aunque en un principio también se mostraron claras reticencias a la integración de este grupo de trabajadores en la sociedad, con ciertos brotes de racismo, posteriormente se integraron y actualmente forman parte de la peculiar idiosincrasia lacianiega, llegando a ser un ejemplo de convivencia entre diferentes culturas. La llegada de inmigrantes y la bonanza económica de las empresas mineras provocan en Villablino a partir de 1973 una explosión constructora, cambiando la fisonomía urbana de la villa, compactando el casco urbano y conectando los barrios entre sí.  En 1977 se construyeron 118 viviendas en esta localidad y al año siguiente 169, lo que da fe de la frenética actividad que vivía la capital del concejo durante esta década. Este hecho y la llegada de la etapa democrática, permiten dotar a Villablino de unas infraestructuras mas adecuadas, modernizando un pueblo que a diario modificaba su fisonomía. Es en esta época cuando se inicia la construcción del polideportivo municipal, y en 1981 se aprueba la revisión del PGOU, para intentar acondicionarlo a la nueva situación. La capital del concejo vive entonces una de las etapas mas prósperas de su historia, y se multiplican los negocios de hostelería, hasta contabilizarse mas de un centenar de establecimientos relacionados con el ocio.

     Pero a partir de 1980, la entonces aún mayor empresa minera privada del país, comienza sus primeros síntomas de declive después de toda una época gloriosa, y uno de los principales símbolos de fortaleza de la compañía minera, el ferrocarril Ponferrada- Villablino, es el primero en soportar la crisis. El mes de mayo de este año, deja de funcionar el correo después de haber transportado a miles de viajeros durante mas de 60 años, en sus románticos vagones a orillas del Sil. Dos años mas tarde las máquinas diesel remplazan a las antiguas locomotoras de vapor hasta su desaparición, dejando de sonar sus inconfundibles silbidos por los ramales de Villaseca o Caboalles, como quejándose del esfuerzo realizado por el transporte de mineral. Fueron las últimas máquinas a vapor de Europa en abandonar su servicio, y una lamentable pérdida que 22 años mas tarde se pretende recuperar de forma simbólica, con la puesta en marcha de un tren turístico. Posteriormente se crearía el primer Plan Estratégico de la empresa, con el fin de poder recuperar la rentabilidad de la compañía minera, y desde entonces no se han dejado de elaborar nuevos planes de este tipo, que venían a sustituir a los anteriores, pero todos ellos con una vigencia reducida. El declive del sector es ya entonces mas que evidente, pero a pesar de la absoluta dependencia de la economía lacianiega a la salud de la industria minera, en estos años aún nadie es consciente de que se avecinaban tiempos de vacas flacas, o al menos nadie quería ver esta realidad.

En 1982, un grupo de aficionados al balompié entre los que se incluía su actual presidente, Ignacio Castellanos, recuperan la S.D. Laciana, subiendo el equipo hasta la categoría de Regional Preferente, y manteniendo la actividad del club, con una importante cantera de mas de un centenar de jugadores. El 22 de marzo de 1.987 se inaugura el edificio de la Casa de Cultura de Villablino, después de haber superado la oposición de un grupo de vecinos que se oponían a que esta construcción se llevara a cabo en terrenos del parque municipal.

La década de los 90 se inicia con una nueva crisis en MSP, que desembocaría en la histórica <marcha negra>, organizada por los sindicatos que entonces conformaban el comité de empresa. El 22 de enero de 1992, el entonces director general de La Minero, Alfonso García Argüelles, anuncia una reducción temporal de empleo que afectaría a 250 trabajadores, además del cierre del grupo <María>. Los cuatro  sindicatos de la comarca rechazan las medidas, y el 2 de febrero convocan una huelga, a la vez que 8 sindicalistas inician un encierro indefinido en el grupo Calderón, a 300 metros de profundidad. Durante mes y medio se sucedieron las movilizaciones sin ningún resultado positivo, optándose entonces por llevar a cabo una marcha a Madrid para llamar la atención sobre el conflicto, y exigir al Gobierno una salida a la crisis de la empresa. El 7 de marzo, medio millar de mineros partieron al amanecer desde la Avenida Laciana de Villablino, para recorrer a pie la distancia que separa esta población de la capital de España, y 18 días mas tarde, los supervivientes del grupo atravesaban orgullosos el Arco de la Victoria, mientras decenas de miles de personas esperaban su entrada triunfal en Madrid. Al final la victoria no fue tan clara como habían asegurado los dirigentes sindicales, pero al menos sirvió para conseguir los objetivos mas importantes en cuanto a la supervivencia de la empresa, y sobre todo para que durante unos días toda España fuera consciente de que en León había una comarca llamada Laciana, y unos hombres dispuestos a defender su tierra de una manera ejemplar.

        A partir de esta fecha, la crisis del sector minero se reflejó en la zona con un aumento progresivo del desempleo, el paulatino cierre de establecimientos y comercios excesivamente dependientes de la industria minera, y una alarmante despoblación provocada por los sucesivos planes de jubilaciones anticipadas, que se aplicaron en las compañías carboneras de la zona. No obstante Villablino ha venido notando todos estos síntomas con menos virulencia que el resto de poblaciones del valle, debido a la centralización de servicios, y una tendencia de las nuevas generaciones a trasladar su residencia desde los pueblos a la capital del concejo. Aún así la merma es evidente si se comparan los 8.335 habitantes de 1.995, con las 7.658 personas censadas en la villa en diciembre de 2.001. La difícil situación, ha obligado al Ayuntamiento a buscar medidas encaminadas a estimular la reindustrialización en la zona, con la puesta en marcha de diferentes iniciativas, aunque con resultados muy discutidos, al menos hasta el momento. En mayo de 1995 se inician las obras para la construcción de 54 viviendas en la calle La Brañina, promovidas por el Ayuntamiento de Villablino a través de una sociedad denominada SOGELSA. En noviembre de este mismo año se pone en marcha la Asociación Amigos de Sierra Pambley con la intención de crear un museo etnográfico en la que fuera vivienda del fundador, y recibe el apoyo incondicional del Ayuntamiento de Villablino. El proyecto se puso en marcha un año mas tarde, pero aún hoy no se ha podido inaugurar. En 1999 se inician las obras para la construcción de un centro sociosanitario en Villablino, con una inversión aproximada de 2 mil millones de pesetas, y una capacidad de 80 camas. Los cerca de 1.400 trabajadores de MSP, inician un nuevo conflicto en octubre de este mismo año para la negociación del convenio que se prolongaría durante 66 días, con mas de 70 horas de negociaciones entre empresa y sindicatos, y algunos episodios lamentables originados durante las numerosas movilizaciones organizadas durante todo este periodo. Villablino padeció dos jornadas realmente bochornosas durante esta época, con la organización de una brigada de piquetes cubiertos con pasamontañas, que <tomó> literalmente el pueblo durante varias horas, para sacar de bares y establecimientos a los compañeros que no participaban en las acciones de protesta. En diciembre de este mismo año, Villablino es testigo de un hecho histórico para el futuro de la cultura del valle, con la firma del alcalde lacianiego Guillermo Murias y el rector de la Universidad Carlos III, Gregorio Peces Barba, de un convenio de colaboración entre las dos instituciones, que tiene como último objetivo convertir la capital del concejo en un campus de verano de la universidad madrileña. Los vecinos de la capital de Laciana fueron espectadores en el mes de septiembre del año 2000, de uno de los mayores desastres ecológicos vividos en el valle, con la propagación de un incendio que se originó en la ladera del monte conocido como pico <El Miro>, y se propagó en varias direcciones hasta arrasar cerca de 1.400 hectáreas de monte.  Villablino despidió el siglo XX, con una profunda recesión motivada por su completa dependencia de un sector en crisis, y una psicosis de su población por abandonar la zona, que nadie ha sabido atajar con eficacia. Entre las medidas planteadas para hacer frente a la situación, resulta significativo que se haya echado la vista atrás, para intentar recuperar la antigua tradición ganadera que se perdió con la llegada de la minería.

     

Don Paco Sierra, un aristócrata progresista.

Uno de los personajes que mas influencia ha tenido en el panorama cultural y educativo de Villablino, fue sin duda Francisco Segundo Fernández Blanco de Sierra y Pambley, fundador de las escuelas que formaron a numerosas generaciones de lacianiegos bajo un plan de estudios completamente revolucionario para la época. Don Paco Sierra, como era conocido en la zona, nació en Villablino el día 24 de abril de 1827. Era hijo de Marcos Fernández Blanco, de Hospital de Orbigo, y de María de Sierra y Pambley, de la prestigiosa y acaudalada familia de Casa Sierra. en Villablino. A los dos años fue trasladado al pueblo paterno, donde nacieron sus dos hermanos, Victorina y Pedro, y donde aprendió las primeras letras con la ayuda de su madre. Sus padres murieron cuando tenía 18 y 19 años respectivamente, encargándose de su formación académica su tío y padrino, Segundo de Sierra, primero en Astorga, y después estudiando jurisprudencia en la Universidad de Valladolid, para finalizar la licenciatura en Madrid, en 1850, aunque nunca llegó a ejercer su carrera de abogado salvo para la administración de su propia hacienda.

 Fue precisamente en la capital de España donde entró en contacto con el círculo krausista y los promotores de la Institución Libre de Enseñanza, ILE, lo que le movió a crear una escuela en su hogar materno. Don Paco Sierra trajo a Villablino a las primeras figuras de la educación nacional, Giner, Azcárate y Cossió, y en el escaño de su cocina prepararon los detalles de esta revolucionaria escuela que se inaugura en 1886. Este centro lo dedicó a su tío Don Segundo, y se convirtió en la escuela principal de las demás fundacionales. Don Paco Sierra contrastaba su estilo liberal y progresista para los asuntos generales y públicos, con un carácter de austeridad en su vida privada, con un respeto ciego al pasado. Al parecer nunca subió a un automóvil, ni a un ascensor, las puertas las abría con el codo sin tocarlas, y no daba la mano a nadie si no llevaba guantes. Tenía repulsión por el confort y las comodidades propias, pero no ahorraba detalles con sus invitados. Fue un personaje que supo conjugar de manera magistral los valores de la aristocracia y libertad. Se le cita como una persona de porte distinguido, pequeño de estatura, vestido siempre con elegancia, fino en el trato, amable, de amena conversación, serio, sin caer jamás en la vulgaridad ni en el orgullo. Fue diputado a Cortes desde noviembre de 1858 a 1863, por la sección de Murias de Paredes. Su prestigio era tan grande que de 171 electores y 113 votantes, obtuvo 113 votos. Mas tarde fue diputado por León de 1871 a 1872. Su vida giraba en torno a Madrid, Zamora, Hospital de Orbigo, y Villablino donde invariablemente pasaba los meses de julio y agosto. Don Paco murió en Madrid el 26 de enero de 1.915, a los 88 años de edad.

 

Marcelo Jorissen, <el belga>.

Si la empresa MSP ha marcado el destino de Villablino a lo largo de todo el siglo, uno de los personajes que merecen un capítulo especial en la historia lacianiega es Marcelo Jorissen, distinguido entre su círculo de amistades y mas directos subordinados como Don Marcelo, mientras que para el resto de lacianiegos, era mas conocido como <El belga>. Jorissen, nació en Bruselas pero pronto se nacionalizó en España, licenciándose como Ingeniero de Minas en la Escuela Superior de Madrid, y destinado a la cuenca de Villablino prestando sus servicios en la empresa Minero Siderúrgica de Ponferrada. Aquí se vinculó durante toda la vida con el valle, tras contraer matrimonio con una vecina de Caboalles de Abajo, Pilar García. En 1.927 fue nombrado subdirector de MSP, y 4 años mas tarde asciende a director general de la Minero. En 1962 fue nombrado Consejero-Director, y en 1970 culmina su carrera con el nombramiento de Vicepresidente del Consejo de Administración. Jorissen falleció en 1984.

Bajo su dirección, esta compañía minera obtuvo el título de <Empresa Modelo>, y compaginó sus tareas en esta empresa, con la de Catedrático y Director de la Escuela Superior de Ingenieros de Minas de Madrid. La trayectoria profesional de Jorissen, le hizo merecedor de la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo, y la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio. De espíritu autoritario, y caracterizado por un indiscutible rigor profesional, sus visitas oficiales o inesperadas a las explotaciones mineras de la compañía, están plagadas de anécdotas que dan fe de su personalidad. Cuenta Florentino Agustín Díez en su libro <Memoria del Antiguo y Patriarcal Concejo de Laciana>, que en una entrevista con responsables municipales de la época en la que éstos reclamaban a MSP un mayor compromiso con esta institución, Marcelo Jorissen afirmó, <a veces tengo la sospecha de que a mi empresa le falta ministro de asuntos exteriores>. Con esta anécdota, se evidencian las peculiares relaciones que siempre ha mantenido la compañía minera con la institución municipal, con intereses contrapuestos en numerosas ocasiones, pero siempre obligados a entenderse.

 

La iglesia de San Miguel de Laciana.

El edificio mas emblemático del antiguo pueblo de San Miguel, y quizá la única construcción avalada por una indudable riqueza histórica de todas las edificaciones que forman parte de Villablino, es la iglesia de San Miguel Arcángel, construida en el siglo XVII, aunque ha venido sufriendo varias reformas y añadidos desde entonces. De su interior destaca el Calvario, formado por Cristo crucificado, acompañado por la Virgen y San Juan. La representación está concebida en una transición del románico al gótico, posiblemente en el siglo XIII. También se alberga en el templo, la imagen de una Virgen románico-gótica que mantiene al Niño sobre su brazo izquierdo, y que podría haberse elaborado en el siglo XIV. El solar sobre el que se construyó la iglesia fue lugar de culto desde la época romana, y en la alta Edad Media se cimentó un monasterio de la orden benedictina, bajo la advocación de San Miguel Arcángel.

  El templo tiene 3 naves divididas por dos arcadas de dos arcos cada una, de medio punto a la derecha, y ligeramente apuntados a la izquierda. Sobre el crucero se observan armaduras góticas. A los lados de la cabecera se encuentran dos capillas, una con una lápida donde se da fe de su construcción en 1.646, y la capilla mayor añadida con posterioridad. Del conjunto arquitectónico destaca la espadaña de la iglesia, en cuyos vanos permanecen dos campanas, una de tamaño normal y la otra de mayor volumen, a la que los feligreses llaman <La Campanona>, y que por extensión a los vecinos de San Miguel se les suele llamar <los de La Campanona>.

  FUENTES: <La Feriona: Crónica de una feria en la España Inveterada> de Lucio Criado Placín; <El Valle de Laciana> de Florentino Agustín Díez González; <Memoria del Antiguo y Patriarcal Concejo de Laciana> de Florentino Agustín Díez; <Sendas de Laciana> de Julio Álvarez Rubio; <Por el país de las brañas> de J. Álvarez Rubio>, Estructuras Territoriales de Laciana> de Manuel Maurín Alvarez; <La Fundación Sierra-Pambley, una institución educativa leonesa> de Isabel Cantón Mayo. <Extra de Ponferrada-Villablino>, de la revista especializada en ferrocarriles, <Maquetren>.