Las explotaciones de carbón en el Valle de Laciana
Los orígenes de la minería del carbón en la provincia

 

Mediada la década de 1840 se constituye la Sociedad Palentina de Minas, empresa que se dedicaba a potenciar la extracción de carbón en la cuenca de Sabero, con destino a la acería que, esta misma firma, pone en marcha en las proximidades. Tiempo después, comienzan las labores de extracción en las cuencas de La Magdalena y Valderrueda. Sin embargo, a lo largo del pasado siglo ya excepción del escaso tiempo en que la acería se mantiene activa, la producción de las minas leonesas resulta muy escasa en comparación con la lograda en provincias limítrofes. 

Avanzado el año 1860, existen unas trescientas concesiones mineras en la provincia. Ello da idea del enorme interés que la nueva actividad despierta, a pesar del cúmulo de dificultades con que sus propietarios habrán de enfrentarse antes de la puesta en explotación. Pero no todas estas concesiones, ni mucho menos, llegan a conocer alguna actividad. En 1864 sólo cuarenta y tres de entre ellas registran labores de alguna importancia. Y, en los años sucesivos, este número aún habrá de reducirse a la mitad. 

La peculiar disposición de nuestras cuencas y factores económicos ,de diverso tipo impiden la utilización o el enlace con la red de ferrocarriles que, por estos años, alcanza los bordes septentrionales de la Meseta. Y aún peor: la inauguración de la vía férrea que une León y Santander con Madrid, favorece extraordinariamente a las cuencas palentinas y supone la ruina total para la minería leonesa.  No será hasta 1870 cuando, tras la prolongación de la línea hacia Busdongo, se propicie el desarrollo de las explotaciones en la zona de Santa Lucía. Y, en la última década del siglo, la construcción del ferrocarril entre La Robla y Valmaseda abre al carbón leonés el importante mercado de la siderurgia vasca. Hasta entonces, los medios de transporte rudimentarios, ínfimamente capaces y sumamente costosos, han supuesto un obstáculo de primer orden que limita la producción, imposibilita toda rentabilidad y aleja de León a los grandes capitales. 

Por ello habrán de ser los llamados "mineros del país" los que sin enormes gastos de instalación ni personal cualificado, exploten las minas logrando, incluso, ciertos beneficios. Aunque su producción tenga más valor simbólico que industrial, ellos son los protagonistas del nacimiento de la minería leonesa". 

De ellos, de los "mineros del país", de los pioneros en la cuenca de Laciana que aún tardará muchos años en verse beneficiada por la línea férrea, tratan las siguientes líneas. 

 
Los pioneros en Laciana 

Corriendo 1876, Don Ángel Rubio, ayudante de montes, natural de Villager de Laciana y afincado en Madrid a la sazón, da a conocer su "Reseña Físico Geológica del Valle de Laciana " acompañada por un meticuloso mapa de tanto valor artístico como técnico. Aún hoy impresiona en él la exacta representación de nuestra peculiar orografía. En dicho documento, elaborado con base a profundos conocimientos y con absoluto esmero, el autor estudia las rocas carboníferas de la zona y da noticia de numerosos afloramientos de hulla localizados en diversos parajes: la Collada de Cerredo, Orallo, la Braña de San Miguel, Villaseca, Lumajo, Carrasconte y la Veiga de la Mora. Todos ellos son enclaves donde, actualmente, se ubican las principales explotaciones de la cuenca. De ahí el obligado reconocimiento a la obra de inestimable valor que nuestro paisano llevó adelante con los precarios medios de la época.

Ya Don Ángel Rubio, en su "Reseña", pone en duda la rentabilidad de estos yacimientos en tanto la vía férrea se mantenga alejada de la cuenca. Las primeras noticias con que se cuenta acerca de explotaciones carboníferas en el Valle, se remontan a finales del pasado siglo o a los albores del actual. Por aquel entonces, un vecino de Caboalles de Abajo, llamado y apodado "Pepón de la Casa el Guarda", inicia trabajos cara a la extracción de hulla sobre el paraje conocido como Barganaz, en las proximidades de La Revoltona. En sus labores, Pepón apenas se aleja de la superficie a través de una rústica galería carente, con toda probabilidad, de los necesarios medios de entibación. Y allí, parece ser que a causa de 'una caída de escombro, Pepón de la Casa el Guarda se convierte también en el pionero de las tragedias mineras.

 

Es alrededor del año 1901 cuando viene a instalarse en Caboalles Don Dionisio González Miranda, procedente de otra cuenca provincial. (Parece ser que de la Valcueva o Matallana, donde ya se registra notable actividad). Es Don Dionisio, por tanto, conocedor de las técnicas de extracción y resulta más que probable que, en su lugar de origen, haya ejercido como vigilante minero o similar.
Don Dionisio denuncia una concesión y emprende su explotación en la misma zona de Barganaz, Caboalles de Abajo, mediante la realización de una galería de considerables dimensiones. El mineral allí extraído es adquirido por particulares para usos domésticos, así como por algunos artesa nos ceramistas del entorno comarcal.

Don Dionisio González Miranda puede ser considerado como el primer industrial minero de Laciana. De su intensa actividad se recuerdan curiosos pasajes: Habiendo tenido conocimiento de que el canon por la concesión de la Mina Carrascontina no ha sido satisfecho (año 1912), toma inmediato contacto con Don Baldomero y, sin demora, emprende viaje en bicicleta hasta Bembibre. Sube allí al tren y, a las nueve de a mañana del siguiente día, se persona ante la ventanilla de la Jefatura de Minas de León. Para su sorpresa, alguien se le ha adelantado. No obstante, aún es posible un acuerdo amistoso y la concesión de la Carrascontina se reparte entre cuatro socios. 
 

Don Dionisio González Miranda mantendrá en explotación su coto de Barganaz por espacio de unos doce años, hasta el momento en que la concesión sea adquirida por Minero Siderúrgica de Ponfecrada. Unos años detrás de Don Dionisio, recala en Caboalles de Abajo Don Gorgonio Tocres Sevilla con ánimo de visitar a su hermana Palmira, por aquel entonces maestra de niños en el Colegio de la Fundación Carballo. En la misma casa de la maestra, habita su madre, Doña María Sevilla. Don Gorgonio Tocre, asturiano de origen, ha vivido largo tiempo en la región de Saint Etiénne (Francia), lugar en donde existen explotaciones de carbón y en donde Don Gregorio ha llevado a cabo estudios o carrera en relación con esta industria. 
Tales conocimientos le darán pie para intuir primero y constatar después la presencia de grandes cantidades de mineral en todo el subsuelo lacianiego de ambos Caboalles. Así es como solicita una importante concesión a la que denomina con el nombre de su madre: "María". Esta concesión abarca bastantes hectáreas extendidas en los términos de Caboalles de Abajo y de Arriba, abrigando gran cantidad de carbón de muy buena calidad y en capas de considerable potencia. Por aquel entonces ya parte en numerosos carros transportando mineral hacia la Robla o Ponferrada. Don Gorgonio Torre Sevilla, tío abuelo del Director General de la Sociedad Minero Siderúrgica de Ponferrada y de otros técnicos de esta firma, dedicará pocos años a la explotación de la "María" y, hacia el año 1918, arrendará la concesión a una sociedad inglesa: "Antracitas Jersiana". Ya va tiempo que falta de entre nosotros el recordado taxista Don Claudio Francisco Castellanos, chófer que fue de aquellos súbditos británicos de cuyos excesos etílicos semanales, a cobijo de cierto hotel leonés, podría contarnos largo y tendido. Míster Brady y sus técnicos del "imperio" son los autores del pozo plano que aún se conserva en las proximidades del Campo del Roble.
 
En breve espacio de tiempo y siendo aún arrendataria " Antracitas Jersiana", Don Gorgonio Torre entabla conversaciones con Minero Siderúrgica de Ponferrada llegando a un acuerdo para la cesión de la "María " a la nueva potencia minera que se extiende por el Valle a marchas forzadas. Hablamos de los pioneros que iniciaron labores de extracción en las primeras décadas del siglo. Pero también hemos dicho que, desde mucho tiempo atrás, numerosos parajes lacianiegos han sido denunciados aunque se mantienen inactivos a la espera de una mejor coyuntura. Ya a finales del siglo XIX, Don Julio Lazúrtegui, verdadero "estratega de las denuncias", obtiene importantes concesiones en los más ricos enclaves de la cuenca. 

Al mismo tiempo, adquiere el Coto Wagner, riquísimo yacimiento de mineral de hierro, próximo a San Miguel de las Dueñas. (En memoria de Lazúrtegui se dio nombre a la conocida plaza ponferradina). Otro concesionario de aquel tiempo es el ingeniero de minas Don Bernardo Zapico, asturiano y director de la "S. A. Vasco Leonesa". Buen conocedor, denuncia un yacimiento en la zona de Villager y Orallo, sobre el paraje conocido como "El Calderón". En este lugar emprende una explotación que no llega a revestir gran importancia lo que, sin duda, le aconseja vender su coto a la gran empresa recién afincada en Laciana.